Todos tienen IA.
Casi nadie tiene un asistente.
La diferencia no es el modelo: es que sepa cómo funciona tu casa, qué te toca esta semana y qué prefieres que no te pregunte dos veces. Eso no viene de fábrica — hay que montarlo, y es lo que hacemos contigo.
Por qué el tuyo todavía no sirve
No es que la herramienta sea mala. Es que nadie la configuró para ti.
Empieza de cero cada vez
Vuelves a explicar quién eres, a qué te dedicas y cómo es tu semana. Cada. Sola. Vez.
No sabe nada de tu vida
Ni los nombres de tu familia, ni tus horarios, ni que los martes recoges a alguien. Sin eso, solo redacta.
Le pediste todo y no hace nada
Un asistente que sirve para todo termina usándose para nada. El truco está en escoger las tres cosas.
Lo montamos contigo
No te entregamos un manual. Te acompañamos a armarlo, decisión por decisión, hasta que lo uses sin pensarlo.
Lo de todos los días
Mercado, cuentas, mantenimiento, los cumpleaños que siempre se olvidan. Lo que ocupa cabeza y no debería.
Lo que se coordina
Horarios que chocan, quién recoge a quién, el viaje que hay que planear entre cuatro personas ocupadas.
Lo que se te acumula
Correos que responder, notas de reuniones, lo que prometiste el lunes y no has vuelto a mirar.
Es tuyo, y se queda contigo.
Tu vida no es nuestro producto
Lo que le cuentes es tuyo. No entrenamos nada con eso ni se lo pasamos a nadie.
Te lo llevas
Si algún día quieres irte, el asistente y su configuración se van contigo. Completos.
Tú pones las reglas
Qué puede hacer solo, qué te tiene que preguntar antes, y de qué no se habla. Lo decides tú.
Ponte en la fila.
Vamos abriendo cupos por tandas y acompañamos a cada quien de a uno, porque montar esto bien toma conversación. Déjanos tu correo.